Te secas bien, te soplas entre los dedos de los pies para no tener hongos, te calzas la toalla a la cintura y abres la puerta. No puedes creer lo que hay delante de ti: los Alpes Suizos. Estás en una puerta en la cima de los alpes, solo, sin nadie alrededor.
Observas bien y lo único que ves es a la vaca violeta de Milka, a unos metros, pastando. Te acercas sigiloso, pero ella da vuelta su cabeza, te mira con ojos enfurecidos y para tu sorpresa te dice: Tú has sido el que mató a mi madre, a mi abuela, tú has sido el que por comer alfajores alimentó la idea marketinera de pintarnos de violeta, de tapar nuestros poros con látex. Tú mereces morir!
Acto seguido la vaca te arranca el corazón y te mueres.
Fin
(es tu día de suerte, el Dios Pachamilka te revive y vuelves al paso anterior) |